La elevación de los niveles de fósforo sérico es uno de los principales problemas de la enfermedad mineral-ósea en los pacientes con Enfermedad Renal Crónica (ERC)1. La hiperfosfatemia se asocia con un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular en estos pacientes, por lo que es imprescindible el uso de diversas estrategias para conseguir reducir los niveles séricos de este mineral.

Dentro de dichas estrategias terapéuticas debemos destacar:

 

  • Incrementar la eficacia dialítica para conseguir una mayor eliminación de fósforo durante el tratamiento.
  • Uso de quelantes de fósforo que ayudan a reducir la absorción de fósforo a nivel intestinal.
  • Restricción del consumo de alimentos con alto contenido en fósforo, y la implementación de diversas técnicas de cocción y preparación de dichos alimentos para reducir su concentración.

 

La restricción dietética ha sido siempre uno de los pilares terapéuticos en el control del fósforo2,3, pero debemos tener cuidado, ya que con ella se suele comprometer el consumo de proteínas, incrementándose el riesgo de desnutrición y mortalidad en estos pacientes. Por ello, recientemente se ha establecido la importancia del cociente Fosforo/Proteínas en los alimentos, marcador importante a la hora de determinar la restricción de fósforo en la dieta. Así, debemos recomendar aquellos alimentos que contengan mayor aporte proteico frente a un menor aporte de fósforo.

Además de reducir la cantidad de fósforo de los alimentos, debemos tener en cuenta que el fósforo alimentario puede estar presente en su forma orgánica, procedente de alimentos de origen vegetal o animal, e inorgánico en forma de compuestos bioquímicos. La absorción puede variar en torno a un 10-30% si se trata de fósforo orgánico de origen vegetal o un 40-60% si es de origen animal, mientras que la forma inorgánica se absorbe entre el 90-100%.

Hoy en día, el incremento del consumo de alimentos procesados, con alta cantidad de aditivos, y por tanto con alto contenido en fósforo inorgánico, dificulta el manejo dietético de los pacientes con ERC4. Sus principales fuentes son los embutidos, alimentos refrigerados-congelados, cereales, barras energéticas, quesos procesados, alimentos de repostería que requieren refrigeración, y bebidas industrializadas. La mayoría de este fósforo puede considerarse fósforo oculto ya que normalmente no queda registrado en las tablas de composición de los alimentos.

Tabla1. Aditivos fosfóricos, los más importantes: fosfatos y derivados.

 
Aditivos fosfóricos Representación
Ácido fosfórico E338
Ortofosfatos (fosfato sódio, potásico, cálcico y amonio) E339-E340-E341-E342-E343
Difosfatos E450
Trifosfatos (pentasódico y pentapotásico) E351
Polifosfatos (de sodio, potasio, calcio y amonio) E452
Fosfátidos de amonio E442
Fosfato de sodio y aluminio E541
Potenciadores del sabor: ácido guanílico (Monofosfato de Guanosina) E626-E629
Potenciadores del sabor: ácido inosínico (inosianato) E630-E633

Otra fuente de fósforo oculto identificado en los últimos años son los fármacos5. Dentro de las preparaciones farmacológicas, el fósforo puede usarse como un componente activo del fármaco, o más frecuentemente, como un excipiente. En este último caso, la mayoría contienen dicho mineral en su composición sin reportarlo.

Conclusión

El fósforo es una molécula de difícil control en los pacientes con ERC, por lo que debemos usar varias estrategias para evitar la hiperfosfatemia; entre ellas el control dietético-nutricional para reducir su consumo es fundamental. Sin embargo, el consumo de fosforo es cada vez mayor debido al incremento en el consumo de alimentos industrializados y procesados, además de que algunos productos, incluidos fármacos, no reportan el contenido de este mineral en sus etiquetados.

Necesitamos que se regule el reporte de contenido de fósforo en los alimentos y medicamentos de forma obligatoria, para tomar medidas de acción en el tratamiento de la hiperfosfatemia.