La vitamina D es una de las principales hormonas reguladoras del metabolismo del hueso y la homeostasis del calcio.

El descubrimiento de la expresión del receptor de la vitamina D (VDR) en numerosos tejidos no relacionados con el metabolismo fosfocálcico, como las células pancreáticas, la próstata, las mamas y las células inmunitarias, han aumentado el conocimiento sobre los múltiples efectos autocrinos y paracrinos que esta hormona ejerce sobre dichos tejidos y su implicación en la regulación del sistema inmune, del cardiovascular y de la oncogénesis1,2,3, entre otros.

El VDR se ha identificado en el ámbito del tejido muscular4, actuando a través de dos mecanismos: la denominada vía genómica, a través del receptor nuclear; y la vía rápida, no genómica, a través del receptor de membrana. De esta manera, la vitamina D aumenta la captación intracelular de calcio e induce la hipertrofia, promoviendo la diferenciación y la proliferación de las células musculares5.

Biopsias de músculo esquelético en adultos con deficiencia de vitamina D muestran atrofia de las fibras musculares tipo II6, con ensanchamiento del espacio interfibrilar, infiltración grasa y fibrosis7.

Varios estudios observacionales8,9 han investigado la relación entre la concentración de la vitamina D y la capacidad física, tanto en individuos sanos como en pacientes con enfermedades crónicas, como es el caso de la insuficiencia renal (IRC), y muestran una relación directa entre los niveles bajos de esta hormona y una menor fuerza muscular.

En esta línea, se han llevado a cabo ensayos aleatorizados y controlados (Randomized Controlled Trials, RCT), para intentar determinar si la suplementación con vitamina D mejoraría la función muscular. Se trata, en la mayoría, de estudios con un reducido número de pacientes, en diferentes poblaciones, con resultados dispares10. El meta-análisis de Muir et al11., que incluyó 13 RCT en individuos mayores de 60 años, mostró un beneficio sobre la fuerza y el balance muscular con la suplementación de vitamina D. Sin embargo, en otro metaanálisis que incluyó 17 RCT en individuos de todas las edades, la suplementación solo mostró beneficios en aquellos sujetos con niveles muy bajos de vitamina D sérica, por debajo de 10 ng/mL12.

La sarcopenia, definida como una reducción en la masa muscular esquelética con pérdida de fuerza muscular y de su función13, aumenta a medida que disminuye el filtrado glomerular14, y es altamente prevalente en pacientes con estadios avanzados de la IRC15. La mayor activación del sistema ubiquitina-proteosoma, caspasa-3, lisosomas y miostatina, aumenta la degradación proteica. Estas vías pueden activarse en el contexto de complicaciones asociadas con la IRC, como la acidosis metabólica, el estado inflamatorio y los incrementos en los niveles de angiotensina II16.

La sarcopenia se relaciona además con una mayor fragilidad y con eventos cardiovasculares17, lo que se asocia a mayor mortalidad.

En este sentido, se ha demostrado que los programas de ejercicios combinados aeróbicos y de resistencia mejoran la capacidad física y de caminar, disminuyen los eventos cardiovasculares, se refleja en los parámetros nutricionales y causa una mejora en la calidad de vida18,19.

Dada la creciente evidencia de los efectos adversos de la reducción de la masa muscular, los esfuerzos deberían ir encaminados a establecer métodos de diagnóstico y monitorización estandarizados y asequibles en la práctica clínica, como la bioimpedancia o la absorciometría dual de rayos X19, y a iniciar medidas dirigidas a mejorar este estado, mediante el ejercicio o la suplementación con vitamina D.