Las alteraciones emocionales constituyen un aspecto fundamental del abordaje psicológico de los enfermos renales

Los cuidados emocionales del paciente renal fueron el eje central de la mesa que la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo (FRIAT) organizó en el 42 Congreso de la Sociedad Española de Nefrología celebrado a primeros de octubre en Burgos. Por primera vez un congreso de Enfermería nefrológica acogió una mesa formada íntegramente por psicólogos, lo que refleja la creciente importancia que en el ámbito de la Nefrología empieza a darse a la atención psicológica de los enfermos renales. Preguntamos a la psicóloga del Grupo de Apoyo al Paciente de la FRIAT, Maite Marín, sobre el tema.

Dentro de la complejidad del paciente renal, ¿cuáles son los impactos psicológicos más importantes que se deben abordar?

Inicialmente lo más importante es abordar el estado emocional. Con frecuencia los pacientes renales sufren síntomas emocionales relacionados con la depresión, la ansiedad o el estrés. Las alteraciones emocionales constituyen un aspecto fundamental del abordaje psicológico de los enfermos renales, tanto por su proporción (están presentes en un número elevado de pacientes), como por su relevancia en el comportamiento personal y social del enfermo.

Pero también deben formar parte del abordaje psicológico otros aspectos como las relaciones sociales, la imagen personal, la adhesión al tratamiento o los hábitos saludables, ya que todos ellos influyen tanto en el bienestar físico como psicológico y, en definitiva, en la calidad de vida de la persona.

¿Sería, por sus características, la hemodiálisis unos de los factores determinantes en el impacto psicológico?

Se puede decir que sí. Las características de la hemodiálisis y sus limitaciones suponen un gran impacto psicológico tanto para el enfermo, como para su entorno familiar y social.

Desde el punto de vista psicológico, la hemodiálisis afecta a múltiples áreas de la vida de la persona. Por un lado, representa la necesidad de vivir o enfrentar de manera habitual situaciones potencialmente estresantes y aversivas como tener que acudir al menos tres días a la semana a la unidad o centro de diálisis, permanecer conectado a una máquina entre tres y cuatro horas cada sesión, sufrir los pinchazos, incluso en ocasiones también sufren otros síntomas como el dolor, las hipotensiones o los calambres. Por otro lado, la hemodiálisis altera de manera fundamental otros aspectos como el uso del tiempo, las actividades y la vida cotidiana en general y además implica restricciones en la ingesta de líquidos y limitaciones en la alimentación.

¿Cuáles serían las variables tanto clínicas, como psicológicas y sociales del impacto negativo en los pacientes renales?

Los pacientes renales sufren síntomas y cambios tanto físicos como psicológicos y sociales que contribuyen al impacto de la enfermedad. Entre los síntomas físicos están los directamente relacionados con la enfermedad y el tratamiento, unido a otros síntomas relacionados con la presencia de otras patologías. Actualmente con el aumento de la edad de los pacientes, también se ve una mayor comorbilidad, entre los síntomas físicos con mayor impacto están el cansancio, la sensación de debilidad o el dolor.

Desde el punto de vista psicológico, las variables con mayor impacto son las alteraciones emocionales entre las que destaca la depresión, pero también son frecuentes la ansiedad y el estrés. Las emociones negativas pueden empeorar la evolución de la enfermedad, interferir con el tratamiento e influir negativamente en la percepción de los síntomas.

Desde el punto de vista social, el apoyo es fundamental, su ausencia se asocia con bajo estado de ánimo, peor adhesión al tratamiento y autocuidado, mayor nivel de ansiedad y de síntomas físicos, bajo nivel de relaciones sociales o incluso evitación de estas y aislamiento, además de menor grado de inserción laboral.

¿Es fundamental la colaboración de pacientes y familiares para afrontar las distintas patologías renales?

Sin duda es fundamental. La enfermedad renal y sus tratamientos afectan a todas las esferas de la vida de una persona, no solo en el momento del diagnóstico, sino a lo largo de todo el proceso de la enfermedad.

De cara a la colaboración del enfermo, existen tres aspectos muy importantes relacionados con el cuidado y la adhesión al tratamiento que son: la dieta, el ejercicio físico y el seguimiento de las prescripciones. Algunos enfermos se niegan a aceptar la enfermedad o el tratamiento, muestran resistencia a cambiar sus hábitos y su estilo de vida, esto favorece la presencia o la intensidad de las respuestas emocionales negativas y añade una mayor dificultad a la adaptación a la enfermedad y un peor pronóstico clínico y psicológico.

Y en el caso de la implicación de la familia, podemos decir que el apoyo familiar o social es importante para un adecuado afrontamiento de la enfermedad en general y relevante en el caso de las enfermedades crónicas, pero, en el caso de la enfermedad renal crónica avanzada es fundamental. La enfermedad renal crónica avanzada (ERCA) supone tanta carga física, clínica, emocional, personal, laboral, familiar y social que el apoyo familiar y social constituye uno de factores psicosociales con más relevancia de cara a un adecuado afrontamiento. En general, las personas que cuentan con un mejor apoyo familiar presentan mejor adherencia al tratamiento, menos síntomas y un menor nivel de depresión y ansiedad, en definitiva, un mayor apoyo favorece un mejor ajuste personal.

¿Qué se vislumbra en un cercano futuro sobre la atención psicológica de los enfermos renales?

La prevalencia de la ERC está aumentando. En España en los últimos años ha pasado a afectar a un 15% de la población. Aunque los tratamientos renales sustitutivos han mejorado considerablemente, esta mejora en los tratamientos no implica un menor impacto psicológico en el paciente. Además, cada vez contamos con más evidencias de la repercusión de los factores psicosociales en la calidad de vida del enfermo.

Por eso, desde la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo estamos convencidos de la importancia de un tratamiento integral y multidisciplinar que permita una mejora de la calidad de vida del enfermo y su familia, además de la optimización eficaz y eficiente de las intervenciones y los recursos. Un tratamiento que implique no solo a personal médico y de Enfermería, sino también a psicólogos, trabajadores sociales, nutricionistas, algo que nosotros venimos haciendo desde hace ya 25 años, y que afortunadamente poco a poco se encuentra cada vez más en los centros y unidades de diálisis.

Dice que la Fundación Renal lleva 25 años ofreciendo cuidados emocionales a los pacientes, ¿cómo ha sido esta experiencia?

Efectivamente, en este abordaje multidiciplinar la Fundación Renal ha sido pionera, no solo con la incorporación de profesionales del trabajo social y la psicología al equipo asistencial de sus unidades, también con la creación y mantenimiento de un Centro Especial de Empleo para facilitar la reinserción laboral de nuestros pacientes, con un programa de nutrición y el desarrollo de la APP Nefrodiet para ayudarles a alimentarse mejor, con un programa de ejercicio durante las sesiones de diálisis que ha mejorado sustancialmente la condición física de los participantes y también su estado de ánimo, con el desarrollo de programas formativos y de ocio y tiempo libre que fomentan su vida activa, con el apoyo a la investigación en Nefrología, y un largo etcétera.

Inicialmente, la figura del psicólogo resultaba ajena, además tenía para los pacientes cierta connotación negativa, pero poco a poco se ha convertido en un miembro más del equipo asistencial. Hoy en día son los propios pacientes los que solicitan con frecuencia nuestros servicios y los profesionales del Grupo de Apoyo al Paciente (GAP) de la Fundación (psicólogos, trabajadores sociales, especialistas en ciencias del deporte) constituimos un equipo muy bien valorado, tanto por los pacientes, como por sus familiares, así como por todo el personal sanitario.

 

Por nuestra parte, los miembros del GAP nos sentimos muy afortunados de nuestra labor y satisfechos de poder contribuir a los cuidados emocionales del paciente renal, tan importantes como los asistenciales en la evolución de la enfermedad. Parafraseando a Andrés Aberasturi: “La soledad frente a la enfermedad puede ser mucho más dura que la propia enfermedad”.