Contar con Enfermería especializada mejora la atención ambulatoria del paciente renal

La enfermedad renal crónica avanzada aumenta su incidencia según envejece la población española. Se estima que su prevalencia se sitúa entre el 0,2 y el 0,6 % de la población adulta, pero en los mayores de 64 años, esta alcanza el 1,6%.

Es por ello que al tratarse sobre todo de pacientes de edad avanzada, prevenir complicaciones que ocasionen nuevos problemas clínicos resulta fundamental en el caso de los pacientes ambulatorios.  En este sentido es necesario crear estrategias que consigan una mayor coordinación de los equipos involucrados, pero también un mayor empoderamiento del paciente.

Una de las experiencias más recientes en este sentido es el llamado “Triaje ambulatorio de nefrología”, realizada por el Hospital de Mauricio de Turín, tal y como recoge el Giornale italiano di Nefrología[i].

El mismo surge ante la necesidad de dar un paso más allá del programa tradicional de visitas periódicas ambulatorias, que no resultaba suficiente en muchos casos para apoyar adecuadamente las necesidades de este tipo de pacientes.

Enfermeras especializadas

Así, este modelo organizacional es coordinado por un equipo de nefrólogos, también responsables de la hemodiálisis, la diálisis peritoneal y los trasplantes, pero está sobre todo respaldado por enfermeras especializadas. De hecho, esa es en gran parte la clave de su éxito, el contar con enfermeras formadas especialmente en este programa, que pueden hacer un seguimiento telefónico del paciente o atender sus dudas cuando sean necesarias. Pero, además, para que este sistema funcione se necesita no solo “un equipo preparado y proactivo”, como definen desde la institución, sino también “un paciente informado”.

De esta forma,  la idea es que más allá de “la disponibilidad de soportes tecnológicos y telemáticos adecuados”, resulta esencial “que todos los interlocutores (el paciente y el personal de enfermería médica) compartan un lenguaje bien codificado, lo que hace que el contenido se claro y confiable”.

El papel del cuidador y del paciente

Para que el sistema funcione es necesario que el paciente haya recibido una formación previa y se muestre capacitado para informar adecuadamente por teléfono de algunos parámetros clínicos relevantes (presión arterial, temperatura corporal, frecuencia cardíaca, peso corporal, volumen de orina) y signos clínicos (disnea, disuria, diarrea, náuseas), vómitos,  o dolor (abdominal / lumbar / en el pecho).

De esta forma, la enfermera puede identificar la necesidad del paciente y clasificar su gravedad y prioridad por medio de un sistema de codificación, para que posteriormente la intervención médica se valore y planifique en consecuencia.

Al tratarse en gran parte de pacientes de edad avanzada, muchas veces será vital contar con la colaboración del cuidador, en cuyo caso, este también necesitará de una formación o de instrucciones previas para poder comunicarse con la enfermera de referencia.

En el triaje realizado por dicho hospital los responsables del mismo aseguraron que “de nuestra encuesta interna se desprende que un gran número de pacientes tenían conocimiento insuficiente de los aspectos fundamentales de la enfermedad renal, diálisis y trasplante”, por lo que realizaron una serie de programas educativos tanto para pacientes como para cuidadores.

Estos se centraron en cuestiones como “los aspectos generales de las enfermedades renales, en la importancia de la adherencia escrupulosa a tratamiento dietético-farmacológico y las diferentes oportunidades para la terapia de reemplazo renal”.