Una  dieta muy baja en proteínas puede retrasar la necesidad de diálisis en pacientes con enfermedad renal crónica

Esta dieta debe solo recomendarse en pacientes con un grado bajo de comorbilidad y que no presenten problemas de nutrición

Es consabido que reducir las proteínas de la dieta consigue reducir el trabajo que deben realizar los riñones, ya que se genera menos concentración de urea en sangre.  Lo que han analizado nuevos estudios es hasta qué punto una dieta baja en proteínas (considerando esta como 0.3-0.4 gramos por kilogramo de peso corporal) influye positivamente en los pacientes renales. De esta forma, se ha determinado que la misma tiene múltiples beneficios, como la disminución de la presión arterial, el suero fosfato y albuminuria en orina, lo que puede suponer un retraso en la necesidad de diálisis en pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) hasta en un año. Todo ello siempre y cuando que el paciente sea capaz de adherirse correctamente a la dieta y de cumplir con ella.

Así lo concluía el grupo de trabajo europeo renal sobre nutrición de la Asociación Europea Renal en conjunto con la Asociación Europea de Trasplante y Diálisis (ERA-EDTA)[i], que recomendaba aconsejar a los pacientes con enfermedad renal crónica una dieta muy baja en proteínas, complementada con cetoanal, desde el inicio del diagnóstico.

Cabe recordar que los alimentos que tienen un alto contenido en proteínas, y de los que por lo tanto habría que reducir su consumo, son principalmente la carne, el pescado, los huevos, las legumbres y los frutos secos, además de los lácteos.

Efectos positivos de una dieta baja en proteínas

Tal y como se recoge en este trabajo, los efectos en la salud del paciente renal de una dieta baja en proteínas son múltiples:

  • Una dieta muy baja en proteínas contiene menos fosfato; como consecuencia, los niveles séricos de fosfato se reducen.
  • Reduce la proteinuria: cuanto menor es la ingesta de proteínas en la ERC, mayor es el efecto reductor de la proteinuria.
  • Induce una disminución marcada y sostenida de la presión arterial en pacientes con ERC avanzada con hipertensión no controlada.
  • En ERC moderada, mejora el control metabólico y reduce la magnitud de los principales signos y síntomas clínicos de la uremia, lo que permite al paciente retrasar el inicio de la diálisis y alcanzar esta fase crítica de la enfermedad con menos complicaciones cardiovasculares. En concreto, se ha demostrado que la dieta pospone el inicio de la diálisis durante un tiempo medio de un año.

La influencia de la dieta en la progresión de la enfermedad

Otra de las ideas que remarca este trabajo[ii] es cómo influye la dieta en la progresión de la enfermedad. Así, destaca que, teniendo en cuenta que una mayor ingesta de proteínas induce esclerosis glomerular, la reducción de la misma preserva la función renal residual, ralentizando la tasa de filtración glomerular (TFG) hacia la enfermedad renal avanzada.

Sin embargo, el estudio también señala que aunque la dieta es segura, no debe ser una recomendación general para todos los enfermos, ya que no debe aplicarse en aquellos pacientes que tengan problemas en su nutrición, sobre todo en aquellos casos que sufran el llamado “síndrome de pérdida de energía proteica”.

De esta forma, la conclusión general de uno de los principales autores del estudio, el nutricionista renal Vincenzo Bellizzi, es que “una dieta muy baja en proteínas complementada con cetoanálogos solo se recomienda para pacientes con un grado de  comorbilidad baja y con un buen estado de nutrición”.