La hipertensión arterial, una de las cuatro patologías crónicas asociadas a la enfermedad renal crónica

La HTA constituye hoy día un problema de salud pública de primera magnitud, tanto por su elevada prevalencia, como por el incremento asociado de complicaciones cardiovasculares y renales

La enfermedad renal crónica se presenta asociada a cuatro patologías crónicas de alta prevalencia como son la diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca y cardiopatía isquémica, según eviden­cia el registro oficial de Diálisis y Trasplante de la Sociedad Española de Nefrología de 2011. En la práctica, muchos de estos pacientes son pluripatológicos y pacientes crónicos complejos.

La Hipertensión Arterial (HTA) es una elevación continua de la presión arterial (PA) por encima de unos límites establecidos, identificados desde un punto de vista epidemiológico como un importante factor de riesgo cardiovascular para la población general. La fisiopatología de la HTA esencial es compleja y no completamente conocida, ya que no hay una única causa que dé lugar a la HTA, sino que son múltiples las vías y mecanismos por los que esta puede establecerse. El conocimiento de, al menos, los más relevantes y mejor estudiados, nos permitirá entender un poco mejor el origen de la HTA, los modos de perpetuación de la misma y, por tanto, las posibilidades de prevención y tratamiento.

Clasificación de hipertensión arterial

En el año 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Internacional de hipertensión (SIH) clasificaron la hipertensión arterial de la siguiente forma: la categoría sistólica y diastólica óptima debe ser inferior a 120/80 mmHg. Un nivel normal comprende niveles inferiores a 130/85 mmHg y se considera alta cuando supera 130-139 / 85-89 mmHg. Una persona padece hipertensión sistólica aislada cuando el valor de la tensión arterial sistólica supera 140 mmHg.

La hipertensión ligera o de grado I comprende niveles de 140-159 / 90-99 mmHg. La hipertensión moderada o de grado II se sitúa entre 160-179 / 100-109 mmHg y la hipertensión severa o de grado III comprende niveles superiores a 180-110 mmHg. Si ambas mediciones caen en categorías distintas, se emplea la más alta.

Existe evidencia sobre los efectos perjudiciales de la medicación hipotensora en personas mayores, ya que reduce el flujo sanguíneo en otros órganos. La medición de la Tensión Arterial (TA) en el ámbito doméstico-ambulatorio reduce la probabilidad de recibir un tratamiento hipotensor que puede dañar la función renal1.

La HTA constituye un problema de salud

La estimación del filtrado glomerular (FG) a través de ecuaciones es el mejor índice disponible en la práctica clínica para evaluar la función renal. La enfermedad renal crónica (ERC) es un factor de riesgo vascular independiente, aditivo, tratable y potencialmente prevenible. El riesgo de morbimortalidad cardiovascular aumenta con el estadio evolutivo de la ERC y es muy superior al riesgo de progresión a insuficiencia renal avanzada per se. Por lo tanto, es recomendable su detección y control en el contexto de la valoración y manejo global del riesgo vascular2.

La HTA constituye hoy día un problema de salud pública de primera magnitud, tanto por su elevada prevalencia, como por el incremento asociado de complicaciones cardiovasculares y renales. La insuficiencia renal crónica en las primeras etapas es un problema “silencioso”; es decir, como la presión arterial alta, no da ningún signo ni síntoma. Es posible que una persona tenga ERC sin saberlo, porque no se siente enfermo. La presión arterial alta hace que el corazón trabaje más duro y, con el tiempo, puede dañar los vasos sanguíneos por todo el cuerpo. Si esto ocurre es posible que dejen de eliminar los desechos y el exceso de líquido del cuerpo. Entonces, puede que el exceso de líquido en los vasos sanguíneos aumente aún más la presión arterial. Es un ciclo peligroso.

La hipertensión puede ser el resultado de un exceso de líquido en los vasos sanguíneos normales o de la cantidad normal de líquido en vasos sanguíneos estrechos, duros u obstruidos. La presión arterial alta es una de las causas principales de insuficiencia renal3.