Los SGLT2 (inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2) son una familia emergente de medicamentos que se han convertido en uno de los tratamientos de vanguardia para combatir la diabetes. Además de ser eficaces en el control glucémico, se ha comprobado que ayudan a combatir los problemas cardiorrenales de los pacientes, en un momento además en el que tanto la insuficiencia cardíaca como la renal están creciendo proporcionalmente en estos pacientes, algo achacable al control más efectivo que se está logrando de eventos primarios como infartos e ictus.

Hasta la fecha, en la Unión Europea se han comercializado cuatro SGLT2: dapagliflozina, empagliflozina, ertugliflozina y canagliflozina. En este último fármaco en concreto se centra una reciente investigación que, publicada en Clinical Journal of the American Society of Nephrology (CJASN), constata que su administración retarda el avance de la enfermedad renal, algo que ya se conocía, con el añadido de que se consigue este efecto incluso en los casos más avanzados.

El punto de partida que ha llevado a estas conclusiones es el estudio CREDENCE, que analiza el impacto de la canagliflozina en diabéticos con insuficiencia renal, una cuestión clave si se tiene en cuenta que la diabetes mellitus tipo 2 es la principal causa de insuficiencia renal en todo el mundo. Teniendo en cuenta que la incidencia de la diabetes no deja de crecer, esto implica un aumento global de la enfermedad renal en etapa terminal que va a continuar creciendo de manera sustancial en los próximos años.

El estudio CREDENCE concluye que la canagliflozina reduce el riesgo de insuficiencia renal y eventos cardiovasculares en adultos con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica (ERC), con disminución también de fallecimientos por causas renales o cardiovasculares. Así lo ha corroborado también de manera reciente Real Wecan, un estudio español en mundo real que abunda en la protección renal que aporta la canagliflozina.

Pese a estas evidencias, hasta la fecha se ha estudiado poco el efecto de los SGLT2 en los pacientes que presentan enfermedad renal crónica (ERC) avanzada, un terreno en el que la nueva investigación publicada en CJASN se introduce con resultados esperanzadores. Para ello, los autores realizaron un análisis post hoc de los datos CREDENCE de los 174 pacientes que tenían ERC avanzada o una tasa de filtración glomerular estimada (TFGe) por debajo de 30 mL/min/1,73 m2 al inicio de la prueba.

Las conclusiones señalan que se produjo una diferencia de hasta el 66% en la tasa media de disminución de la TFGe entre los pacientes a los que se administró canagliflozina y los que recibieron un placebo (disminución de la TFGe promedio de -1,30 frente a -3,83 mL/min/1,73 m2 por año). “Los efectos de la canagliflozina sobre los resultados renales, cardiovasculares y de mortalidad fueron consistentes” con los obtenidos en pacientes con ERC menos avanzada, resaltan los investigadores, que también inciden en que “no hubo desequilibrio en la tasa de eventos adversos relacionados con el riñón o ERC asociados con canagliflozina”.

La conclusión es que este medicamento aporta beneficios renales incluso en los casos más graves, una patología para la que todavía es escaso el arsenal terapéutico existente. Para los autores, en definitiva, la canagliflozina ha confirmado que es una opción de tratamiento segura para estos pacientes, ya que les va a permitir ralentizar el avance de la enfermedad renal sin efectos adversos asociados.