Las medidas puestas en marcha para frenar el impacto del coronavirus en las unidades de hemodiálisis han logrado reducir sus consecuencias, pero para ello los pacientes han tenido que alterar sus rutinas. Esto se ha traducido, entre otras cuestiones, en un cambio en sus hábitos dietéticos y alimenticios, hasta el punto de que muchos han optado por saltarse el almuerzo para ajustarse mejor a la nueva situación.

Así lo constata un estudio realizado por profesionales de los Servicios de Nefrología y de Nutrición y Dietética del Hospital Clínic de Barcelona, que recuerda que estas unidades se han visto obligadas a reestructurar protocolos, turnos y programación. Una de las principales medidas ha sido la prohibición de consumir alimentos durante la propia sesión de hemodiálisis, lo que unido a la modificación en los horarios de las citas o incluso a cambios en el centro de tratamiento alteró de manera significativa las rutinas de los pacientes renales. Esto ha propiciado, según el estudio, que un 52% de los pacientes renales analizados sufrieran alteraciones en su horario de comidas, especialmente el almuerzo, lo que llevó a un 37% de ellos a saltárselo. La prohibición de comer durante la sesión afectó bastante o mucho a más de un tercio (concretamente el 34%) de estos pacientes, detectándose también alteraciones del apetito: disminuyó en el 23% de los casos y aumentó en el 20%.

Cambios en la composición corporal

La investigación se llevó a cabo en 112 pacientes (el 65% de ellos hombres), a los que se les realizó una evaluación para determinar los cambios en su composición corporal, para lo que se realizaron análisis y una biompedanciometría (medición de la masa muscular, agua corporal total y porcentaje de grasa). Asimismo, se les planteó un cuestionario elaborado por un equipo de nutricionista y enfermería y se les entregó un díptico informativo con recomendaciones de enriquecimiento energético-proteico.

Los resultados constatan que el peso se mantuvo de manera estable, aunque sí se detectó un descenso en la masa celular corporal y en la masa grasa de un grupo de pacientes a los que no se les pudo entregar el material informativo debido a que fueron trasladados a otro centro de diálisis. En cuanto a los nuevos hábitos adquiridos, la mayoría de pacientes optó por redistribuir los alimentos para mantener el aporte calórico-proteico al que están acostumbrados, realizando un desayuno más completo o una merienda-cena.
Un 46% indicó que necesitó ayuda para adquirir o preparar los alimentos o comidas, pese a lo cual sólo el 6% alteró su alimentación por el coronavirus. Los principales cambios fueron el consumo de menos productos frescos y de más alimentos precocinados.

Ante estos resultados, el estudio apunta la necesidad de elaborar planes de contingencia a nivel nutricional para los pacientes en hemodiálisis, con cuestionarios que ayuden a detectar problemas de suministro de alimentos y/o cambio en los patrones dietéticos. De esta manera, se podrán implantar pautas tempranas de intervención dietética individualizadas en función de los datos de composición corporal y adaptadas a los niveles de gasto calórico de cada paciente.

Impacto renal del coronavirus

Este cambio en los hábitos alimenticios es solo una más de las consecuencias de una enfermedad con un gran impacto en las patologías renales, lo que ha provocado un aumento de la mortalidad y de los casos en los que hay que recurrir a diálisis y trasplantes. En paralelo, personas que no tenían complicaciones renales previas las están sufriendo tras contraer el virus.

Los datos de la Sociedad Española de Nefrología (SEN) señalan que, entre marzo y octubre de 2020, más de 2.000 pacientes de los 61.000 que se encontraban en Tratamiento Renal Sustitutivo en España (TRS) se infectaron por el coronavirus. Las mayores consecuencias las están sufriendo las personas en hemodiálisis, un grupo en el que se ha alcanzado una tasa de mortalidad superior al 25% de los casos.

Para reducir las consecuencias de esta situación, se estableció un protocolo específico de actuación con el Ministerio de Sanidad para atender a los pacientes renales en las unidades y centros de diálisis. Esta iniciativa ha permitido prevenir y proteger a estos pacientes para que la incidencia del virus no fuera mayor.