Estudios apuntan a que las causas serían el aumento de personas con factores de riesgo como la diabetes o la hipertensión

La incidencia de la enfermedad renal aporta datos cada vez más preocupantes. Según la ERA-EDTA[i], se estima que más de 850 millones de personas en todo el mundo tienen algún tipo de enfermedad renal. Esto supone el doble de personas que viven con diabetes (que son más de 400 millones) o un número 20 veces mayor a las personas que tienen cáncer en todo el mundo (42 millones).

Igualmente, según datos del Registro Renal Europeo[ii], también aumentan, en concreto, las cifras de enfermos renales crónicos. De hecho, la tasa de incidencia no ajustada de la terapia de reemplazo renal entre todos los países representados fue de 121 por millón en 2016, en comparación con 117 por millón de habitantes cinco años antes, en 2011.

No solo aumentan las cifras, sino también las complicaciones asociadas a la enfermedad. Así, los expertos advierten de que la literatura científica ha demostrado que los pacientes renales son los pacientes más complejos: tienen más comorbilidades y mayor riesgo de mortalidad, en comparación con los pacientes  afectados por enfermedades infecciosas, neumológicas, hematológicas, reumatológicas, gastroenterológicas y cardiológicas y del sistema endocrino.

Las causas de este aumento

Ante estas cifras, Carmine Zoccali[iii], presidenta de ERA-EDTA, insistía que la cuestión que preocupa a los especialistas es que “solo estemos viendo la punta del iceberg en este momento”. Razón por la cual la primera medida es buscar las causas de este aumento.

Al respecto, Zoccali señalaba que, paralelamente a la enfermedad renal crónica, también aumentan los pacientes con diabetes e hipertensión, dos factores de riesgo fundamentales. En concreto, aproximadamente 425 millones de adultos vivían con diabetes en 2017, y esta cifra aumentará a 629 millones para 2045, según la Federación Internacional de Diabetes[iv]. Por otra parte, la cantidad de personas afectadas por la hipertensión arterial aumentó de 594 millones en 1975 a más de 1.100 millones en 2015[v].

Cabe recordar que, pese a este aumento de cifras, la realidad es que, en muchos casos, el desarrollo de diabetes e hipertensión es evitable. “Por eso ERA-EDTA ha decidido crear conciencia a través de la educación y proporcionar material para ayudar a la prevención”, concluía Zoccali.

La importancia de la prevención

De esta forma, además de mejorar la educación en salud sobre la propia enfermedad renal, los expertos abogan por luchar paralelamente contra los factores de riesgo que parecen estar desencadenando este aumento.

Así, según la Fundación para la Diabetes[vi], es vital mejorar los hábitos alimentarios y de ejercicio físico sobre todo en la prevención de la diabetes tipo 2. Respecto a la última cuestión, el objetivo principal es incrementar el gasto energético global, y consumir así una mayor cantidad de glucosa. Para ello, está recomendado el ejercicio aeróbico, tal como salir a caminar rápido, montar en bicicleta o practicar natación, durante más de 30 minutos.

En cuanto a la dieta, está demostrado que la dieta Mediterránea reduce el número de casos nuevos de diabetes un 50% más que la dieta hipocalórica tradicional.

Estos consejos también son aplicables a la hora de prevenir la hipertensión arterial[vii], uniendo asimismo la restricción del consumo de alcohol y tabaco y reduciendo en lo posible los niveles de estrés.