Los tratamientos de diálisis también apuestan por proteger el medio ambiente

La energía solar es una opción factible para el camino hacia una “diálisis verde”

Mejorar la calidad de los tratamientos de diálisis ya no solo pasa por buscar formas de mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también por tener en cuenta el impacto que este tipo de terapias tiene en el medio ambiente. Cada vez hay más estudios[i] que establecen la relación de la salud con el aumento de la contaminación, en áreas tan diferentes como el aparato respiratorio, la salud cardiovascular, cerebral o reproductiva, entre otras. Es por ello que conseguir que los propios tratamientos tengan un menor impacto en el medio ambiente es una forma de cuidar de forma global de la salud de la población.

En el caso concreto de la hemodiálisis, cabe tener en cuenta que a nivel mundial se calcula que aproximadamente 2 millones de pacientes en el mundo reciben algún tipo de tratamiento de diálisis. Pero se trata de una cifra que va en aumento. Solamente en España, entre 2016 y 2017 aumentó en un 6%[ii] el número de personas que necesitó un tratamiento de diálisis o trasplante renal.

El impacto medioambiental de la diálisis

Se trata de cifras importantes para el impacto en el medio, teniendo en cuenta que la diálisis conlleva una importante utilización de energía y una amplia producción de desechos[iii]. Uno de los factores claves es la utilización de agua, ya que se calcula que de media, en la mayoría de centros de diálisis del mundo, son eliminados cerca de 250 litros por cada procedimiento como agua de rechazo.

Otra idea a resaltar es la huella de carbono, es decir, la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto, que en el caso de la hemodiálisis trimestral asciende a 3,8 toneladas por año por paciente. La mayoría de las emisiones provienen de los equipos (37%), uso de energía (21%) y transporte de pacientes (20%).

Con  respecto  a  los  desechos  de  las  unidades  de  hemodiálisis  se deben considerar dializadores, líneas, bajadas de suero, o concentrados, entre otros. Todo esto se incluye como desechos clínicos. Pero también se ha de tener en cuenta que se elimina el papel, los restos de comida y varias formas de plástico durante el proceso. Por otra parte, el transporte de los pacientes se traduce en una alta emisión de CO, CO2 y NO2.

Sin embargo, uno de los factores claves es el consumo energético, que supone el uso de equipos electrónicos como máquinas de diálisis, monitores de presión, sistemas de tratamiento de agua, televisores, etc.

Soluciones de energía solar

Una de las iniciativas para mejorar estas cifras la señalaba un estudio[iv], publicado en Clinical Journal of the American Society Nephrology[v] (CJASN), que concluía que la energía solar puede ayudar a compensar los altos costos de los servicios públicos y hacer que los tratamientos de hemodiálisis sean más respetuosos con el medio ambiente.

Para ello se centraron en establecer una diálisis asistida por energía solar en diferentes centros de Australia, concluyendo que el uso de la misma después de los primeros 12 meses del programa supuso una reducción de energía del 76,5%. Por lo tanto, la energía asistida por energía solar parece ser factible y rentable, y los servicios de diálisis pueden querer investigar si pueden tomar medidas similares hacia una diálisis más ecológica.

El trabajo señala así el camino hacia un futuro de ‘diálisis verde’, donde los servicios públicos y otros consumibles ya no se dan por sentado, sino que se usan y se reutilizan de manera inteligente.