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19 de febrero de 2018 | Noticias
Las anomalías estructurales son la causa de más de la mitad de los casos de Enfermedad Renal Crónica en la infancia

La obesidad afecta a más de 600 millones de personas en todo el mundo y se estima que se incrementará un 40% en la próxima década. España es el segundo país de Europa con más personas con sobrepeso u obesidad, un trastorno que afecta al 25% de los españoles. Si miramos las cifras de obesidad infantil, los datos son igual de preocupantes: dos de cada 10 niños tiene sobrepeso, y uno de cada 10 sufre obesidad. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en todo el mundo, el número de lactantes y niños pequeños (de 0 a 5 años) que padecen sobrepeso u obesidad aumentó de 32 millones en 1990 a 41 millones en 2016. Si se mantienen las tendencias actuales, el número de lactantes y niños pequeños con sobrepeso aumentará a 70 millones para 2025. Sin intervención, los lactantes y los niños pequeños obesos se mantendrán obesos durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta.

Existen pocos datos sobre la incidencia de la Enfermedad Renal Crónica (ERC) en la edad pediátrica y los que hay posible­mente subestiman los valores reales, ya que en muchos casos los estadios iniciales no se registran. Los registros europeos muestran in­cidencias alrededor de 10-12 pacientes por millón de población pediátrica (ppmp) y pre­valencias alrededor de 59-74 ppmp. El Regis­tro Español Pediátrico de ERC no terminal (RE­PIR II), que recoge desde 2007 datos de niños <18 años con Filtrado Glomerular (FG) <90 ml/min/1,73 m2, en su análisis de 2011, encontró una prevalencia bastante mayor, de 128 pmpp, posiblemente por ser prácticamente el único registro que in­cluye los estadios más precoces. La ERC es más frecuente en varones (63,3% RE­PIR II); en cuanto a la raza, en Norteamérica la incidencia es de dos a tres veces mayor en ni­ños de raza afroamericana. Las anomalías estructurales son la causa de más de la mitad de los casos de ERC en la in­fancia (57% en datos REPIR II) seguidas de las enfermedades renales quísticas y hereditarias (16%), las enfermedades vasculares (9,4%) y las glomerulopatías primarias o secundarias (5,1%)1.

El paciente renal pediátrico necesita de un seguimien­to riguroso por equipos especializados que traten pre­cozmente las alteraciones que se producen en su me­tabolismo y crecimiento. El control de la enfermedad mineral ósea, de la anemia y del crecimiento se ha de complementar con la intervención nutricional, puesto que la malnutrición es muy frecuente, todo ello requie­re del seguimiento por unidades especializadas2.

Si pese a esta atención la enfermedad aboca a alguno de estos niños a necesitar de tratamiento sustitutivo se plantea elegir la técnica más adecuada que pasa­rá por siempre por considerar el trasplante renal de donante vivo como la mejor opción terapéutica. Este trasplante no solo evita la diálisis, al aportar una bue­na masa renal con mínimo tiempo de isquemia fría, también ofrece una mejor supervivencia del injerto, con poca inmunosupresión, mejora el crecimiento y puede proporcionar buena calidad de vida3.

Suele ha­ber buenas opciones de donación por parte de los pa­dres que además suelen ser compatibles. Actualmente, el trasplante con padres no compatibles o los progra­mas de donante cruzado han aumentado las posibili­dades de poder trasplantar a los niños. Las técnicas de diálisis y el control de la enfermedad de base están permitiendo a niños muy pequeños alcanzar el creci­miento necesario para recibir un trasplante. Son tra­tamientos altamente especializados y deben llevarse a cabo en unidades con dotaciones multidisciplinares específicas y siempre bajo la supervisión de un nefró­logo pediatra3.

Si el trasplante de donante vivo no puede realizarse por el comienzo agudo de la enfermedad, por la edad muy temprana del niño o por otra causa, la elección de la técnica depuradora ha de tener en cuenta varios factores aunque, en general, la diálisis peritoneal es la más habitual en todos los países. En España, constitu­ye la modalidad de tratamiento inicial más común en menores de 6 años y en una tercera parte de todos los menores de 18 años2.

La diálisis peritoneal está indicada en cualquier niño, pero resulta especialmente útil para los más peque­ños y con dificultades en el acceso vascular. Como en los adultos, las técnicas automáticas ofrecen muchas ventajas y los beneficios del tratamiento dependen en gran medida del buen funcionamiento del catéter y, por tanto, son fundamentales la técnica de inserción y los cuidados para mantenerlo. Además de criterios de calidad como el aclaramiento y la ultrafiltración, es necesario contemplar un adecuado crecimiento y buena integración escolar y social2, 4.

Si la técnica elegida es la hemodiálisis se ha de tener en cuenta además de las grandes diferencias en el peso, que los niños muestran características particu­lares, por lo que hay grandes diferencias en cuanto a los adultos respecto a materiales, parámetros y otras consideraciones que requieren de una formación espe­cífica para los profesionales que les atienden5.

 

1Fernández Camblor C, Melgosa Hijosa M. Enfermedad renal crónica en la infancia. Diagnóstico y tratamiento. Protoc diagn ter pediatr. 2014; 1:385-401. Servicio de Nefrología Pediátrica. Hospital Infantil Universitario La Paz. Madrid.

2AAVV. AENP Asociación Española de Nefrología Pediátrica. Nefrología Pediátrica. Manual Prácti­co. Panamericana 2011.

3AAVV: Protocolos diagnósticos y terapéuticos en Nefrología Pediátrica Asociación Española de Nefrología Pediátrica, 3.ª edición, 2014. www.aeped.es/protocolos/

4Frutos MA, Cabello M. Información a pacientes: cuándo y qué información suministrar. En: Guías S.E.N. Nefrologia 2010; 30(Supl 2):39-46.

5Rheault MN, Rajpal J, Chavers B, Nevins TE. Out­comes of infants < 28 days old treated with peri­toneal dialysis for end-stage renal disease. Pedia­tr Nephrol 2009; 24:2035-9.

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